Tipografías e imágenes son dos componentes básicos en el diseño gráfico, que nos sirven para expresar ideas con palabras pero también con fotografías. Bien combinadas, ambas pueden generar brillantes piezas comunicativas, que expresan acabadamente lo que se busca comunicar, y que generan en el receptor las sensaciones adecuadas.

No obstante, muy a menudo nos encontramos con un uso “poco feliz” de estos dos elementos. ¿Cómo hacer sin ser diseñador gráfico para no incurrir en este tipo de errores?

Pues bien, de eso intentaremos hablar en este artículo, para ayudarte a mantenerte al margen de esas aberraciones que nos duelen a los ojos, pero en las que de vez en cuando también nosotros podemos caer.

Asegurar el contraste de las fuentes

Antes de que nos metamos en cuestiones de mayor complejidad, uno de los temas centrales a tener en cuenta es la cuestión del contraste. Y no hablo del contraste en la propia fotografía, que es otra cuestión muy distinta. Me refiero al contraste necesario que debe tener una pieza tipográfica que se encuentre situada encima de una foto.

Un clásico error: tenemos una imagen con diferentes tonalidades, y utilizamos una tipografía de un color excesivamente claro, que sólo se lee bien cuando está asentada sobre las partes oscuras de la foto, pero que se desdibuja cuando “pisa” la imagen clara. Podría ser también al revés: tipografía oscura que se funde con el fondo al pisar sectores, por ejemplo, negros. Y para colmo: encima que no tiene buen contraste, elegimos una tipografía muy delgada, que no logra despegar del fondo.

¿Cuál es la solución? Primera recomendación: utilizar tipografías clásicas y anchas. Siempre nos jugará a favor.

Luego de esto, uno de los recursos habituales es la utilización de filetes en las fuentes, es decir, esa silueta exterior en un color distinto, que permite “despegar” la imagen del fondo. Pero con la evolución de los programas para el diseño de revelar fotos con tipografías por encima, han aparecido nuevos “efectos” de mejor impacto visual, como lo son las sombras difusas (para despegar fuentes claras de fondos claros) o los halos exteriores (para despegar fuentes oscuras de fondos oscuros).

 

El mundo del color

Lo dicho hasta ahora vale principalmente para piezas tipográficas en blanco o en negro. ¡A no renegar de ellas, ya que suelen ser buenas consejeras, sobre todos para los diseñadores aficionados!

Pero si queremos dar un paso más allá y nos animamos al color, habrá que ser muy cuidadosos para no estropearla. El uso de colores estridentes no es para cualquiera y debe ser utilizado siguiendo ciertos criterios.

Quizás el más noble de ellos y el más fácil de utilizar, es el llamado “engamado”. ¿En qué consiste? En que no somos nosotros quienes decidimos el color que llevará la tipografía, sino que lo decidirá la propia imagen. Buscamos en ella entre los dos o tres colores dominantes, tomamos la muestra de la tonalidad, y la utilizamos en forma exacta para nuestra tipografía.

Es algo parecido a lo que se hace al combinar colores en las vestimentas. También aquí funciona y tiene el efecto inmediato de “emparentar” si se quiere, la tipografía con la imagen de fondo. Así lucirán como parte de una misma estética.

Esto también sirve al momento de utilizar fotografías como fondos para sitios web o blogs. Al elegir nuestra imagen, podemos tomar una muestra de uno de sus colores dominantes y luego utilizarla para darle color a nuestros títulos, a nuestros enlaces o a nuestros recuadros. Verás que la funcionalidad es inmediata.