Internet es lo más parecido a un océano. Infinito, profundo, inabarcable. Nos perderíamos si no contáramos con los buscadores o las recomendaciones sociales, y sería imposible llegar a lo que queremos si ambos no estuvieran para asistirnos.

En ese océano informativo muchas veces nos damos con playas apacibles, continentes firmes o islas paradisíacas en las que da gusto atracar por un rato. Pero también solemos encontrar peñascos, tormentas, playas esteparias, lugares inhóspitos.

Siguiendo la misma metáfora, creo que estaremos de acuerdo en que deseamos que nuestra web muestre un paisaje que atraiga y contenga a los navegantes. Acaban de llegar nuestros visitantes, tal vez traídos por un enlace o por los vientos de Google, y será fundamental ofrecerles buenas razones para quedarse.

No obstante, muchas páginas web sólo ofrecen fondos tumultuosos, fotografías incoherentes, o tipografías estrepitosas. Increíblemente muchas de ellas siguen mostrando el look de los 90’s, cuando el continente Internet recién comenzaba a ser explorado y colonizado. Por fortuna también hay de las otras, sitios donde da gusto navegar, donde el diseño respeta una línea y una coherencia general, y donde los criterios se respetan desde la primera hasta la última página.

¿Cuál de los dos modelos deseamos para nuestra web? Creo que coincidimos al preferir el segundo.

Si ya tenemos nuestra página funcionando, y al verla notamos que no estamos brindándoles una experiencia positiva a los visitantes que llegan, la buena noticia es que no todo está perdido. Que no hay que volver a hacer todo desde cero, y que con algo de conocimiento podremos mejorarla bastante.

Imágenes, fondos y tipografías

Parte esencial en cualquier diseño y también el de una página web, es la coherencia al momento de elegir sus componentes. Conviene que seleccionemos un esquema simple y nos atengamos a él.

Por eso deberemos arrancar con cuestiones sencillas como la definición de nuestra paleta de colores. No más de tres combinaciones. Elegir cómo será nuestro fondo y nuestra tipografía del texto. Definir de qué color serán los títulos y los enlaces. Determinar los elementos especiales.

En segunda instancia, resolver cómo será el uso que le demos a las imágenes. Grandes, medianas, pequeñas. Flotantes o estáticas. Marcos, epígrafes, efectos. Nuevamente, la consigna es predicar la simpleza. Lo mismo para los fondos que decidamos usar. No pensemos en uno por página, sino en usar el mismo para toda la web, lo que le dará una integridad notoria.

Con estos sencillos pasos iremos construyendo la identidad visual de nuestro sitio, que salvo rarísimas excepciones, no debería ser abandonado jamás.

Cómo cambiarlo todo

Aunque se puede hallar más información en proyector24.es, te adelanto que la llave para realizar una adaptación masiva de nuestra web ajustándola a nuestros criterios recientemente definidos, se llama CSS.

Son las iniciales de Cascade Style Sheet, y corresponde a las Hojas de Estilo en Cascada que son definidas para nuestro sitio, y que pueden ser modificadas directamente, logrando que esos cambios repercutan luego en toda la estructura de la web. Si bien es necesario algo de conocimiento en redacción de código, no es complicado identificar algunos de los elementos básicos, y con la ayuda de un tutorial, animarnos a “meter mano” y rediseñar nuestra página o blog, devolviéndole un estilo unificado y coherente, necesario para que los navegantes se sientan atraídos y decidan explorar nuestra web.